Mucho se habla durante las fiestas de fin de año acerca de la relación entre la alimentación y el incremento de peso o los excesos que se cometen con la comida y las bebidas alcohólicas.

Pero poco se ha hablado acerca de la relación entre la alimentación (apropiada o no), los excesos o carencias y su relación con los estados de ánimo. Y este tema cobrará mayor relevancia en estas épocas de año nuevo, donde la característica principal es pasarse un poco con algunos alimentos o bebidas, desconociendo las consecuencias y efectos que pueden incidir en la lista de nuevos propósitos para el año que recién comienza, dentro de estos propósitos de año nuevo muchas personas tienen encabezando su lista bajar algunos kilos o empezar rutinas de ejercicios, en resumen tener un estado físico saludable, pero el inicio está cargado de todo lo contrario, entones esto pasa a convertirse en una verdadera contrariedad.

Sin embargo, el tema es más extenso, ya que está comprobado que el intestino es el centro de nuestra salud, actúa como un segundo cerebro y de esta manera, cuidándolo podemos cambiar e influir en los estados de ánimo.

La alimentación es clave en la producción de neurotransmisores, que son las sustancias que influyen en el estado de ánimo y la conducta, especialmente la serotonina y la dopamina que son las sustancias encargadas de promover el bienestar, alimentos como el pescado, chocolate, yogur, verduras de hoja verde, nueces, hortalizas, bananos, entre otros se encargaran de ayudar a mejorar nuestro estado de ánimo.

Ahora bien, por otro lado, encontramos que el alcohol funciona como un depresor del sistema nervioso, esto quiere decir que, aunque inicialmente la persona que consume alcohol siente una mejoría en su estado de ánimo y algo de euforia y desinhibición, con dosis mayores disminuye el nivel de conciencia, la coordinación motora y las funciones autonómicas (respiración y frecuencia cardiaca), lo que puede desencadenar  alguna crisis de ansiedad o depresión. El alcohol, muy usado en estas épocas puede tener a largo plazo el efecto contrario por el cual se consume y es pasar de la felicidad a estados ansiosos o de culpa, lo que a largo plazo puede desencadenar trastornos más graves.

Por otro lado, el elevado consumo de alimentos procesados, o alimentos ricos en ácidos grasos saturados, grasas trans y omega 6, pueden provocar una respuesta inflamatoria de bajo grado en el cuerpo, que, a su vez, está relacionada con la ansiedad y la depresión.

Por todas estas razones, y dado que nuestra razón de ser es velar por el bienestar de nuestros pacientes queremos invitarlos a alimentarse con conciencia y disfrutar de estas fiestas y época de vacaciones con  moderación y sobretodo en familia.

Carolina Hernández Muñoz
Directora Comercial y de Mercadeo
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