Los altos índices de suicidio en el mundo entero han prendido las alarmas, y Colombia no es la excepción. Según el último reporte revelado por Medicina legal en el país, hasta el mes de julio del año 2018, se habían registrado 1396 casos de suicidio. Por esta razón, especialistas en salud mental recomiendan estar muy atentos a las señales de alarma.

“Yo, a veces quisiera no despertarme, y lo único que espero es que sea hora de dormir para dejar de sentir”; este tipo de frases son las que la Doctora Elianeth Gómez, Directora de la IPS SERCRECER,  ha escuchado en su consultorio. Durante los últimos años, los casos de suicidio se han incrementado, y cada vez es más frecuente que personas que aparentemente han logrado sus objetivos en la vida, a nivel económico, profesional y familiar, o pequeños con toda la vida por delante, no encuentren otra salida. Este hecho ha dejado entrever que una situación favorable en el tema económico, social, laboral, familiar en los adultos, o de manera particular el académico en los niños no necesariamente minimiza los riesgos.

Pero la gran pregunta es ¿Qué puede llevar a una persona a tomar esta decisión? Frente a la misma, la Doctora Gómez manifiesta que “En la sociedad actual las personas están sometidas a muchas presiones, académicas, profesionales, familiares y personales, desde la temprana infancia encontramos niños con importantes carencias afectivas y poca compañía por parte de sus seres queridos, hace sólo algunos años era normal tener en casa mamá, abuela, tías y primos, lo que permitía que la persona tuviera una red de apoyo afectivo constante”.

Y es que el ritmo vertiginoso de la vida moderna, ha llevado a que el estrés sea protagonista de la rutina, lo que puede desencadenar en trastornos de ansiedad y depresión, cada una con sus respectivas consecuencias a nivel emocional y psicológico, lo que sin duda afecta notablemente a la sociedad en general. Para la Doctora Gómez “Si un padre de familia, trabaja en promedio de 10 a 12 horas diarias, incluyendo los desplazamientos, llega cansado y estresado a casa, ¿en qué momento se relaciona con el día a día de sus hijos?, ¿Cómo puede ese menor encontrar el apoyo necesario para que también aprenda a lidiar con los problemas que se le presenten? ¿Cómo podrá afrontar los desafíos de su vida, si su autoestima, confianza y autoimagen no se están fortaleciendo día a día?

Es por esto que el diálogo y la comunicación entran a jugar un papel vital en las relaciones familiares, permitir que las personas, independientemente su rol dentro de las familias tengan vías de comunicación asertivas, atentas y abiertas para que los problemas puedan tener formas de desahogo; comenta la Doctora Gómez, que incluso solamente hablar del problema aliviana la carga, desahogarse se convierte entonces en el primer paso en busca de la solución, si es que la tiene, y si no, por lo menos permite que la persona al compartir su carga, se libere de la misma.

Es natural que las demandas profesionales impidan que la cantidad de tiempo que se pase con los seres queridos sea la misma de hace 50 años, sin embargo, lo importante esta en buscar el equilibrio entre la vida laboral, académica y la familiar-social, para que no sean sacrificios que después pasen factura.

Las familias deben estar atentas a las señales de alarma, como:

– Conversaciones o escritos sobre suicidio

– Aislamiento social

-Pensamientos catastróficos

– Cambios en el estado de ánimo

-Alteraciones en el sueño y el apetito

– Depresión

-Uso excesivo de alcohol o drogas

– Cambios abruptos en las rutinas

Sobre todo, cuando hablamos de los más pequeños, es importante tener en cuenta que los niños y los adolescentes tienen una sensibilidad especial frente a su grupo de pares y asuntos familiares, por lo tanto, el acoso o matoneo siempre debe ser considerado un factor alto de riesgo y un elemento que se debe abordar entre padres y maestros. También se debe conocer si hay antecedentes familiares de enfermedades mentales o suicidios, abuso o violencia frente o en contra de los menores. “Con nuestros niños, niñas y adolescentes debemos tener canales de comunicación abiertos y asertivos, donde impere el amor, el respeto y las manifestaciones de cariño, hacen falta más abrazos en nuestras familias; además de mejorar nuestras habilidades perceptivas como padres, porque muchos pueden omitir la información y debemos descifrarla” Asegura la Doctora Elianeth.

Finalmente, es muy importante que las familias estén abiertas para solicitar ayuda cuando sea necesario, con fines de romper los tabúes con respecto a la ayuda psicológica o psiquiátrica y sus respectivos tratamientos e intervenciones.

 

No dudes en pedir ayuda si tu o alguien de tu familia presenta señales de alarma.

Carolina Hernández Muñoz
Directora Comercial y de Mercadeo
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